viernes, 11 de enero de 2008

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La casa cueva

LAS CUEVAS-VIVIENDA: DE INFRAVIVIENDA A VIVIENDA PARA ESCOGIDOS

La cueva habitada en Andalucía ha adquirido relevancia y mantiene una importante significación actual. El trogloditismo actual despega con la Edad Moderna, pero sobre todo se desarrolla durante los siglos XIX y primera mitad del XX. A partir de entonces se inicia su declive, por tratarse en muchas ocasiones de infravivienda, aunque la asociación entre cueva e infravivienda no siempre es correcta, especialmente en aquellas zonas andaluzas en las que culturalmente estaba muy asumida la utilización de la cueva como vivienda. Frecuentemente lo que se ha producido es sólo el retraso de la adecuación de la cueva. Ocurre así especialmente en la provincia de Granada, donde el proceso de rehabilitación y adecuación está siendo especialmente intenso en el último decenio en el que al uso residencial tradicional permanente, se une el de residencia estacional que, a su vez, se complementa con el turístico.


La utilización de la cueva como vivienda

La cueva se ha venido utilizando desde los albores de la humanidad por grupos de población que aprovechaban las condiciones del medio natural en el que directamente excavaban su vivienda. Tradicionalmente se ha producido una asociación entre vivienda troglodita y países mediterráneos, ya que prácticamente se ha extendido por todos los países a los que este mar baña y es en torno a su cuenca donde ha adquirido mayor amplitud y desarrollo. En efecto, las cuevas están o han estado presentes hasta tiempos recientes en Italia, Cerdeña, Francia continental, Yugoslavia, Palestina, Siria, Egipto, Libia, Túnez, Marruecos y por supuesto España. Sin embargo, su presencia no se ha circunscrito a esa área geográfica, sino que la ha rebasado ampliamente, habiéndose construido establecimientos humanos, excavando a partir de los materiales volcánicos en Turquía, en las tierras arcillosas de las mesetas de Irak e Irán, extendiéndose hacia el Este, a través de Asia Central, hasta el norte de China, donde se han aprovechado materiales loésicos. Tampoco el continente americano ha sido ajeno a este tipo de vivienda con ejemplos que van desde el extremo norte del continente hasta la Tierra de Fuego

La extensión de la cueva como uno de los tipos más característicos de vivienda popular debe conectarse con la facilidad de su construcción, los bajos costes que requiere y la isotermia que dichas viviendas son capaces de mantener a lo largo del año, a pesar de que el clima presente condiciones muy contrastadas estacionalmente, como corresponde a los climas de características continentales.

Las cuevas habitadas en la provincia de Granada

Granada durante mucho tiempo ha sido y aún continúa siendo la provincia con mayor significación troglodita de España y donde este tipo de vivienda popular está más arraigada culturalmente. A excepción de algún pequeño núcleo troglodita (por ejemplo en la costa, en torno a Salobreña o Motril o en la comarca de Alhama y Loja), las cuevas se han extendido desde la segunda mitad del siglo XIX, preferentemente por los materiales Pliocuaternarios que forman el Surco Intrabético, acentuándose su presencia en la parte oriental de la provincia, en las comarcas de Guadix y Baza llegando a alcanzar hasta las altas tierras de Huéscar, en los límites con la provincia de Murcia.

El aumento de la población urbana, en gran medida consecuencia de la inmigración, ha sido motivo esencial del crecimiento de este tipo de vivienda popular, no sólo extendida por los núcleos rurales de la provincia, sino también por las ciudades medias, como son Guadix o Baza y, sobre todo, la capital de la provincia que alcanzaba 600 cuevas habitadas en 1900 y 3682 en 1950. Dicha cifra suponía en ese mismo año el 11.3% del total de viviendas censadas en la capital

En la ciudad de Granada las cuevas habitadas se localizaban al Este del casco urbano, en las vertientes de los ríos Beiro, Darro y Genil, dando lugar a los barrios trogloditas de Sacromonte, S. Miguel, Barranco de la Zorra, Camino Alto de Huétor Vega y por último las Cuevas del Beiro, que formaban un grupo reducido y muy miserable. Tras varias décadas de deterioro, en los últimos años se están revalorizando algunas de ellas en el barrio del Sacromonte, siendo utilizadas para uso residencial turístico.

En la segunda mitad del siglo XX, especialmente desde 1960, se inicia el declive de la cueva en toda la provincia que va siendo sustituida por la casa como vivienda. Coincide cronológicamente con la construcción en las viviendas de servicios de saneamiento y la mejora de las infraestructuras viarias en la mayoría de los núcleos, ante las cuales tanto las cuevas como los barrios trogloditas ofrecen mayores dificultades. Ello implica que las cuevas se van quedando rezagadas en ese proceso, se van considerando cada vez más como infraviviendas, que progresivamente se van abandonando y son sustituidas por casas.

Otra razón complementaria de dicho abandono es consecuencia del cambio de la coyuntura demográfica, en la que la emigración y el envejecimiento de la población son caracteres básicos que determinan menor presión de demandas de viviendas en relación a la oferta disponible.

Así entre 1970 y 1981 el número de cuevas habitadas en la provincia de Granada, excluida la capital, descendió considerablemente pasando de 11.795 a 6.474. El valor absoluto de estas cifras es innegable, si bien su alcance relativo en relación al total de viviendas de la provincia no sería significativo e incluso daría una idea falsa de la realidad ya que, de acuerdo con el Censo de Vivienda, el total de viviendas incluye además de las viviendas familiares de ocupación permanente, las de ocupación temporal y las desocupadas. Sin embargo, sólo se censaban como alojamientos aquellos que se encontraban ocupados en la fecha de realización del Censo. Por ello, más precisa es su significación estadística a escala municipal, ya que en 1981 seguía albergando en torno a la quinta parte de la población en una serie de municipios como es el caso de Caniles, Villanueva de las Torres, Gor y Guadix.